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San
Tiamén: Nuestro Santo y Milagroso Patrón
Según
reza la tradición, hallábanse los villanos degustando
cervezas virtuales en la Taberna del Ratón cuando vieron
la conveniencia de que Villagüeb tuviera sus fiestas patronales.
Lo cuál no sería tan difícil si la aldea
tuviera o tuviese patrón. Dispusiéronse pues los
villanos a la tarea, realizando Alf la investigación en
los manuscritos históricos de los anales de la Red, y Julián
la restauración de los manudibus y miniaturas de que acompañábanse
los códices. He aquí el resultado.
En el convento de clausura
de San Tiscario, ubicado en las proximidades del villorrio Villagüé
de la Ré, allá por el siglo XIII, vivió San
Tiamén
San
Tiamén fue dejado recién nacido en la puerta
del convento, y desde siempre vivió en la oración
y en la copia de libros hecha a mano. Alcanzó la pubertad
sin conocer nada del mundo más allá de la tapia
del convento y hablando, y muy poco, con otros monjes.
En su adolescencia, llevaba
ya 16 años en el convento, un ave posóse en la mesa
de su celda. El supuso que era una paloma, era el único
pájaro que conocía y eso gracias a las sagradas
escrituras, única fuente de su saber por aquél entonces.
San Tiamén le ofreció unas migajas de pan
a aquel bicho volador. Pero el bicho optó por un pequeño
trozo de pergamino donde este santo estaba escribiendo en mínima
letra, una oración a San Atorio por un eccema nacido en
su mano y salió volando. Decía aquella oración:
"San Atorio, San Atorio, santo varón,
cúrame la mano, que me pica un montón".
Pensando si habría
pecado por mirar, alimentar y hablar al pájaro, fuese a
confesar con el abad, San Turrón, hombre muy dulce, quien
le dijo que no se preocupara y le informó sobre la avicultura...
mejor diremos cultura sobre las aves, así le comentó
que por el color negro, el pico largo y el tamaño, tratábase
de un cuervo y no de una paloma. 
Pasaron unos días
y en el alfeizar de su pequeña ventana posóse otro
ave, éste sí era una paloma. En su pata traía
un trozo de pergamino que San Tiamén tomó
y leyó: "Méate la mano".
San Tiamén,
quedó admirado. Pensó que era cosa divina, y volvió
a hablar con San Turrón, quien le habló de las palomas
mensajeras y de la utilidad del orín para ese tipo de afecciones.
Además de lo útil
que le fue el consejo, San Tiamén estaba fuera de
sí por la ilusión que le produjo el hablar con alguien
fuera del monasterio. De acuerdo, no era hablar, hablar, pero
era recibir noticias de gente de fuera. Había descubierto
el correo!!
San Tiamén
preparó una jaula amplia donde metió aquella paloma.
quería escribir algo y que le llegara a aquel ser que le
había aconsejado mearse las manos. Pero... ¿y si no le
llegaba? ¿y si algún desalmado mataba a la paloma en su
vuelo?. Decidió que lo mejor sería tener varias
palomas para asegurar la llegada de su agradecimiento.
Así que todas las
mañanas ponía lazos en el huerto junto a comida
que dejaba para capturar palomas. Primero pilló a un gorrión
y probó a atarle el mensaje y soltarle... pero el muy ladino
volvía todas las mañanas al huerto con el papelín
atado y no se acercaba a él ni a sus lazos.
Más tarde acertó
a capturar un azor, pero ¡¡qué mala leche tenía
el bicho ¡¡, no se dejaba poner nada en las patas, es más,
daba unos picotazos que le dejaron la mano peor que con el eccema...
y mearla no le sirvió de nada.
Fue un trabajo duro, pero
éste le permitió comprender que tan solo las palomas
se dejaban a regañapicos atar algo en las patas.
Al fin un día acertó
con una paloma. La subió a la jaula y la dejó con
la otra, la que le había traido el mensaje. Las palomas
se llevaron bien. Un día sorprendió a una encima
de otra, sin saber exactamente a qué jugaban.... pero poco
después había varios polluelos en la jaula. ¡qué
milagro¡.

Algún tiempo más
tarde comprobó que ese juego se repetía mucho y
que incomprensiblemente, después, aumentaba el número
de palomas. Así que en dos años disponía
de un buen numero de ellas. Bien, pensó, si envio el mensaje
con todas ahora, seguro que alguna llega a su destino. Escribió
muchos papeles y en todos el mismo texto:
Hermano:
Gracias a tí tengo ya bien la mano, mi eccema se pasó.
Me gustaría saber mas de tí, quién eres y
qué haces.
Soltó a las palomas,
todas hacia el mismo destino. San Tiamén había
descubierto el mailbombing.

Pero claro,
las palomas, salvo la primera, la que le había traído
el mensaje, volaron cada una por su cuenta y direcciones diferentes,
alguna fue a Villagüé, pero se posaron en diferentes
casas y otras.... bueno, a otros pueblos. San Tiamén
había descubierto el spam.
Al día siguiente,
la mitad más o menos de las palomas habían vuelto
a su habitación. San Tiamén, tembloroso recogió
papeles de las patas, más de cuarenta mensajes!! San
Tiamén conoció lo que es el agobio de la llegada
de muchos mensajes.
Uno de los mensajes vino
de Fadrique el sarnoso.... y San Tiamén descubrió
los mensajes con virus. Tiempo le costó eliminar
los picores.

Otro le llegó de
Tomasa la ramera... la verdad es que San Tiamén
no descubrió lo que es la pornografía en el correo,
pero más que nada por su inmaculada e inocente alma. Incluso
pensó que ella se dedicaba a cortar ramas.
Y el más importante
le llegó desde Villagüé de la Ré. Aquél
mensaje decía:
Hola
amigo: Me alegro que sirviera mi consejo. Me llamo Venancio y
hago obras en el pueblo.
Desde entonces el diálogo
fue fluido entre ambos, gracias a Venancio, San Tiamén
aprendió mucho sobre estas palomas. Se hizo un gran criador,
sus palomas llegaron a todas las partes, incluso enviaba hojas
de libros a otros monasterios en las patas de las palomas. San
Tiamén descubrió los attachment.

Su vida fue dedicada a la
oración y a la escritura. llegó a abad por su bondad,
mansedumbre e inteligencia. Reconvirtió una buena parte
del convento en un lugar cómodo y agradable donde vivían
sus palomas en jaulas sin barrotes, sólo con una red cómoda
y flexible. Famosos fueron sus libros en especial aquel que se
titulaba "De cómo facer los mensajes
en la red", .... pero esa es otra historia.
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